El uso del abanico viene de tiempos muy remotos, pero la época de
esplendor aconteció durante los reinados de Luis XIV y Luis XV. Para cualquier
gran señora de aquellos tiempos, el abanico era el complemento indispensable a
su vestuario. En su fabricación se utilizaban materiales de lujo, desde piedras
preciosas, oro y metales preciosos, hasta telas italianas (consideradas las más
lujosas del mundo). Se pintaban acuarelas realizadas por los pintores más
importantes del momento y sus varillas se fabricaban con oro, plata, nácar,
carey, marfil...
El siglo XVIII fue el
siglo de la consagración y el triunfo del abanico.
Los abanicos desempeñaron un papel muy importante en la historia del
coqueteo: "El lenguaje del abanico"
Al amparo de un abanico se hacían confidencias y
también era posible utilizarlo para dar ánimos a un pretendiente tímido. Una
dama que se preciara no llevaba dos veces el mismo abanico a una fiesta.

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